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Con estas palabras inauguramos la edición 2018 de Basado en Hechos Reales

 

Bienvenidos a todos. Nos da mucha alegría compartir con ustedes la inauguración de la segunda edición del Festival de No Ficción Basado en Hechos Reales.

Cuando se es joven (no por nosotros, sino por el festival, que ya consideramos una pequeña criatura), es decir cuando los años no logran aún automatizar ciertas prácticas, acciones o sentimientos, se tiene una virtud que luego los años opacan y por la que hay que pelear constantemente: esa virtud es la capacidad de preguntarse: por qué estoy haciendo esto. Y los seis que organizamos este festival por segunda vez, nos lo preguntamos. Y como buenos jóvenes (ahora sí hablo por nosotros), nos permitimos respuestas disímiles, inclusive contradictorias (la adolescencia es así).

¿Por qué, entonces, hacer un festival de no ficción?

Porque creemos en la potencia de las palabras. Porque la palabra cambia, transforma, interviene y cuestiona eso que llamamos lo Real. Y no podemos acceder a lo Real por fuera del lenguaje.

Porque las palabras de otros nos llegan siempre, todo el tiempo, lo queramos o no, lo pidamos o no. Porque creemos que hay que volver a leer con lupa, dudar de los discursos cristalizados, mirar la palabra como se mira a alguien que debe ganarse nuestra confianza para dejarlo entrar en casa.

Porque en nuestro país hay escritores increíbles, cronistas potentes, los mediadores perfectos entre las historias y la gente.

Porque estamos atravesando una crisis real y simbólica con respecto al periodismo. Porque los trabajadores de las palabras están más descuidados que nunca. Y hay que seguir llamando la atención sobre esta situación.

Porque creemos que llamar la atención es hacer. Y por eso elegimos hacer este Festival, que es libre y gratuito; que brinda durante sus tres días más de 11 talleres para profesionales, para lectores, para todas y todos; que abre discusiones entre más de 60 escritores locales y más de 10 invitados internacionales en torno a cómo escribimos, a cómo leemos, miramos y pensamos la no ficción y sus alcances; que busca hacer familiar aquello que en una primera instancia pareciera ser de otros; pareciera que no nos pertenece: las palabras.

Esta segunda edición del Festival es posible porque seis profesionales que hasta hace dos años apenas nos conocíamos, decidimos armar un equipo como si nos conociéramos desde siempre. Ese equipo es Ana Prieto, Víctor Malumián, Cecilia González, Luciana Mantero, Silvina Heguy y Victoria Rodriguez Lacrouts.

También este Festival es posible gracias al  apoyo de instituciones como UNTREF, Fundación Tomás Eloy Martínez, ProHelvetia, Cadal, la Embajada de Italia; de entes estatales como el Fondo Nacional de las Artes, el Fondo Metropolitano de las Artes, de la Secretaría de Cultura de la Nación; de empresas como Infobae, KyS, Le Monde Diplomatique, Fundación ICBC, Pan American Energy, Accenture, Winn, Clarín y Perfil. Es posible por la excelente predisposición de todo el equipo del CCK; también, por los consejos de Sonia Budassi, Javier Sinay, Alejandro Seselovsky y María Mansilla.

Las enumeraciones me parecen hermosas y justas. Esperamos poder seguir enumerando festivales, enumerando gente, enumerando agradecimientos y, sobre todo, enumerando razones.

Gracias por venir.